Anónimo, Catalina de Médici y el hechicero, estampa para El espía turco, siglo 18

Charles Ransonnette (1793–1877), Las predicciones de Nostradamus, estampa para La influencia de Nostradamus en el Gobierno de Francia desde la publicación de sus profecías en 1555 hasta nuestros días, estampa, siglo 19

La magia y la brujería eran prácticas condenadas tanto por la religión católica como por el poder político. Sin embargo, los poderosos, siempre deseosos de conocer lo que les deparaba el futuro, no dudaban en recurrir a ellas. Es el caso de Cosme Ruggieri (15..-1615), astrólogo italiano introducido en la corte de los Valois, que se convirtió en uno de los consejeros más cercanos de Catherine de Médici. Su proximidad a la reina llegó a ser tal que se le atribuyó influencia en algunas decisiones políticas y contribuyó a que Catherine de Médici fuera acusada de brujería.

Este tipo de ataques contribuyó a desacreditar la reputación de las mujeres, especialmente de aquellas que eran independientes, diferentes o poderosas. Esposa celosa, regente maquiavélica manipulada por sus magos, hereje a los ojos de los católicos, instigadora de la matanza de San Bartolomé… las acusaciones contra Catherine de Médici eran abrumadoras.

En este grabado, la reina, preocupada por una posible infertilidad, contempla aparecer, gracias al espejo de Nostradamus (1503-1566), a su prestigiosa y fecunda descendencia. La caricatura permite asimismo conferir una dimensión religiosa a un sentimiento antiitaliano que resurge con la llegada de una nueva reina, Marie de Médici.

César de Nostradamus (1553-1629) era hijo del célebre astrólogo. Primer cónsul de Salon-de-Provence, recibió a María de Médici cuando se dirigía a Francia para casarse con Henri IV. Durante esta recepción, recordó la profecía que su padre había hecho a Catalina de Médici 36 años antes, según la cual la rama de Navarra subiría al trono de Francia. Predecir el futuro equivalía a pactar con el diablo.

En dos litografías, el diabolo aparece junto a Arlequín, personaje literario y teatral que surge en el siglo XVI. Arlequín inspira su pluma y sus escritos, al igual que inspira al autor de la obra Arlequín autor y a su ilustrador, conocido por sus litografías de intención satírica y política. Estas denuncian los desvaríos de los sucesivos regímenes políticos franceses desde la Revolución, al tiempo que reivindican cierta libertad de pensamiento.

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