La Vallée
Tras el largo periplo que lleva a cabo para encontrar el lugar adecuado en el que instalarse, durante el cual recorre catorce departamentos y visita treinta y cinco emplazamientos, en abril de 1977 el destino le lleva hasta una parcela abandonada situada a tan solo medio kilómetro de La Grange.
La Vallée, que es como él denomina actualmente a su propiedad, no solo se localiza al lado de su antigua residencia familiar, sino que es un terreno vinculado a su propia infancia: La Vallée des Papillons, ese espacio en el que Gilles Clément solía perderse de niño atraído por la gran cantidad de insectos que habitaban el lugar. Gracias a esos insectos empezó a interesarse por las plantas. Y gracias a éstas, por los jardines.
La topografía y localización de La Vallée no poseían las características ideales para la implantación de una casa. Sin embargo, no eran esas las premisas fundamentales barajadas por Gilles Clément a la hora de decidir la parcela a adquirir.
La intimidad generada por el relieve existente, la estructura vegetal que presentaba tras varios años de abandono y la vinculación afectiva que le unía al lugar, fueron, entre otros, aspectos clave para la elección del sitio y sirvieron para lograr una perfecta armonización con el entorno.
Con sus propias manos compaginará la creación de su jardín y la construcción de su casa, aun sin tener ninguna experiencia previa. El proceso constructivo desencadenará toda una serie de acontecimientos que darán como resultado la creación de un jardín emblemático, internacionalmente conocido. Pero no solamente eso, su casa-jardín se convertirá en su espacio vital.
Fotografías de la casa-jardín de La Vallée. 2015 y finales de los setenta.
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